30 diciembre 2007

La gatita Pisku se ha perdido!

El pirata ha estado aquí con Icey. Dejaron sus gatitas y su casa al cuidado de una chica que se comprometió a cuidarlas bien, a dejarles comida y cambiarles la arena. Pero cuando volvieron, se encontraron todo hecho un desastre, no habían cambiado la arena ni habían puesto comida a las gatas, la pobre Minni acabó haciendo sus necesidades por toda la casa, se había roto una lámpara, todo estaba revuelto, y lo peor, Pisku ya no estaba!
Minni lloraba apenada y estaba muertecita de hambre. Y ahora el pirata y su novia están apenados y tristes sin su Pisku, y no la encuentran...
Esta es la cara B de las fiestas navideñas. Y la chica una irresponsable.
Si esto llega a Menorca de alguna manera, y alguien sabe algo de la preciosa Pisku, por favor, que deje aquí un mensaje y yo le haré llegar el teléfono de ellos para que los avise.
Gracias miles!

15 diciembre 2007

COTOPAXI



Que sí, que ando un poco extraña estos días. Que me cuesta un mundo escribir, que tengo muchas cosas en la cabeza, que estoy algo confusa.
Se me ha estropeado la imagen de la cabecera. Debe ser que se está quedando mustio el blog, como mis plantas de la terraza, de no regarlas...
En Kosovo quieren proclamar la independencia. Quién sabe si eso saldrá bien o volverán a tener problemas. Miro a mi hijo y le veo feliz y pienso que tal vez no sea tan peligroso, pero no acabo de creérmelo. Y luego miro alrededor y veo lo que ocurre y pienso que lo que tiene que pasar puede pasar en cualquier sitio. Hoy han matado a un hombre a tiros en Carabanchel. Eta amenaza a todo el pais con seguir sembrando el terror por cualquier parte. Los integristas islámicos quieren "recuperar Al-Andalus" a toda costa, y nos amenazan también.
El pirata anoche escaló una de las paredes del Cine Cité de Mendez Álvaro. Y no se rompió la crisma. Eso sí, la policía le dió el alto y lo mandó a casa (cosa que él aplazó para más tarde).
La ciudad de Quito está a más de 2000 m sobre el nivel del mar. Eso puede provocar dolores de cabeza. Está la ciudad a los pies de un volcán, llamado Pichincha. Y no muy lejos de allí, se levanta majestuoso el Cotopaxi por encima de la ciudad, con sus cumbres coronadas de nieve. Es uno de los volcanes más activos del país. El paisaje debe ser muy hermoso. Y el viaje interminable. Durante las 16 horas de vuelo será de día, no habrá llegado la noche en todo ese tiempo . No sé cómo afectará eso, pero lo contaré más adelante.
Es casi la 1 de la madrugada, el pirata e Icey están de fiesta con sus amigos.
Y yo desvarío y me caigo de sueño, y escribo.
Mañana me iré a sacar el pasaporte.
Cuando anoche llamaron a la puerta, y cogí el telefonillo para ver quién era, el piratilla se puso a cantar:
"Vuelveeee, a casa vueeelveeeee
por Navidaaaaad"
Me encantó oírlo.

Y en unos días me lo cantarán otra vez!


Que duerman ustedes bien...

12 diciembre 2007

Otro viaje pronto!


Que me voy a las Américas!!!
Y yo que pensaba que nunca cruzaría el charco...
Ya tengo mi billete. Para febrero.

30 noviembre 2007

Mamá




Ala. Que me voy otra vez. Al pueblo. Una semana. Espero que todo salga bien, es más, sé que saldrá bien.

Así que un pelín abandonao tendré que dejar el blog estos días.
Porque ya lo dice el nombre: Enaire que viaja por el mundo...

Voy a ver a mi madre.

29 noviembre 2007

Evasión



Noticia de última hora:
Mi cintura ha desaparecido.
Parezco cada vez más una caja de zapatos puesta del revés.
Ha desaparecido como el agua de la laguna blanca, que fui a visitar hace dos semanas. No quedaba ni una gota. Quedaba, eso sí, un recuerdo de tiempos mejores, de aquellos tiempos en que uno podía ir a bañarse y revolcarse en su arena blanca como harina, el agua tranquila y con tan poca profundidad que nunca llegaba a cubrirte. Un recuerdo de cuando la laguna estaba poblada por peces y la gente iba a pescar. Ahí quedó la huella, silenciosa y sin función alguna ahora, como un testigo del pasado.
La laguna blanca forma parte del conjunto llamado Lagunas de Ruidera, paraje hermoso ubicado ahí como si tal cosa en medio de la llanura manchega (aunque está un poco separada de ellas) . Muy cerquita de mi pueblo. En una mañana fría y soleada fuimos a dar una vuelta por aquellos contornos. Da pena.
Y ahora me voy, que llego tarde al médico.

Actualización.
Ya vine del médico. Mi doctora tiene mucha paciencia conmigo, tiene que contender con los vaivenes de mi estado de ánimo, durante años ha sufrido mis tribulaciones en el trabajo, ha contendido con mi ansiedad, con mis migrañas, con mis bronquitis, con mis depres... En fin, que tengo mucho que agradecerle. Cuando he llegado hoy, me ha dicho:
-¿Qué tal? Ya imagino que estarás mejor ahora que ya te has ido de ese trabajo tuyo, tendremos que reducir la dosis de las pastillas, que ya no te harán tanta falta...
-Bueno, sí, por supuesto, pero se avecinan tiempos revueltos para mis ansiedades...
-¿Y eso?
-Pues nada, nada, mis hijos. El pequeño se ha ofrecido voluntario para ir a Kosovo
(qué cara ha puesto la doctora)
Y el mayor se va a Ecuador un mes, y se quiere casar allí, así que quiero ir a la boda, y ya ves, es un viaje muy largo.
( A veces, para volar, en mis tiempos malos, he necesitado ayuda de mi doctora, por si la claustrofobia y eso, y eran viajecitos cortos. Aunque ahora ya no lo necesito, ya estoy acostumbrada! )
Bueno, bueno, la doctora tendrá que seguir de cerca estos nuevos tiempos míos...

Ah, pero yo iré reuniendo ánimos, de aquí y de allá.

28 noviembre 2007

Y más...

Viajaré donde haga falta. Surcaré los mares desde el aire, recorreré Europa en tren, volaré hasta el confín de la tierra si es necesario. Iré en busca de mi lugar en el mundo, que quién sabe cuál será.

Seguiré los pasos de mis pasos dados.
Si hace falta estoy dispuesta a ver volcanes en erupción, y ciudades ruinosas, y gente que no tiene donde caerse muerta, y ojos llenos de lágrimas, y el telediario de todos los días a las tres de la tarde, y seguiré viviendo, y seguiré cambiando.
Y aprendiendo siempre.
O eso espero.
Mientras, esta mi casa virtual, que no lo es tanto, irá cambiando conmigo, porque de vez en cuando me hace falta reubicarme. No sé por qué. Porque sí.
A veces, me enfrento a esta pantalla y no sé qué palabras utilizar para expresarme.
Diría tantas cosas, que acabo por no decir nada.
No decir nada.
Nada.

26 noviembre 2007

... Y sigo aquí. No sé muy bien qué hago aquí, la verdad. No es para nada como lo imaginé en un principio. Voy a escribir, me dije, como siempre he hecho para mi. Palabras saliendo como un torrente con un único destinatario que siempre era yo. Pero esto no es lo mismo.

CITAS

José Manuel Caballero Bonald




De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas la casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,
un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn’Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquel café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.

Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.



CITAS

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas las casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,
un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn’Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquel café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.

Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.



24 noviembre 2007

Pelota


Marciano se compró una pelota y se puso a jugar en su jardín.
Era una pelota verde y redonda. Pero claro, si no fuese redonda no sería una pelota. Siendo verde, podía ser muchas cosas, pero si no fuese redonda, una de esas cosas no sería una pelota. Puede ser un pimiento, una hoja verde de un árbol, un cocodrilo verde y largo de más de tres metros, un coche verde, no sé, cualquier cosa.
Pero lo que se había comprado Marciano era una pelota. Y jugaba en su jardín tan contento como si fuera un niño. Y ya no lo era, vive dios, que estaba a punto de entrar en la cincuentena, qué horror!, pensaba Marciano. Y por eso se había comprado una pelota. Para demostrar a todo el mundo que la edad que iba a alcanzar sin remedio en pocos días no tenía nada que ver con su espíritu juvenil y aventurero.
Llevaba jugando unos tres cuartos de hora largos cuando se dio cuenta de que no iba a demostrar nada a nadie de esta manera. Más que nada porque su jardín estaba en la parte de atrás de su casa, escondido a los ojos de cualquiera que no entrase expresamente. Y no entraba nadie últimamente, la verdad.
Además, un dolorcillo incómodo se estaba ya instalando en su espalda a la altura de los riñones, y su corazón latía un poco desbocado. Así que decidió dejarlo. La pelota dejó de botar, y se quedó quieta y mustia a los pies de Marciano, que la miraba indeciso y un tanto pensativo. Y pensó y pensó. Y pensó. No sabemos qué extraños pensamientos rondaron por su cabeza en ese peculiar lapsus que sucedió al juego. Pero tuvo que ser algo trascendental y decisivo, algo que hizo actuar a Marciano con una decisión inquebrantable y que cambiaría su vida para siempre, aunque no se pueda entender por qué.
Cogió la pelota verde y la plantó en el huertecillo que tenía en un extremo del jardín, junto a los tomates y las berenjenas. Y después enchufó la manguera y la regó generosamente. Y se sentó a esperar. Y esperó. Y esperó mucho tiempo. Y se hizo la noche. Y amaneció. Y se puso a llover, y después escampó y salió el sol y tras el muro del jardín apareció de pronto un arco iris que sólo era verde, muchas formas de verde, verde en todos los tonos.
Y una ramita verde y redonda empezó a asomar justo por encima de donde había plantado la pelota, que más que pelota debía ser una semilla enorme, que dio fruto.

Y el fruto creció. Y lo inundó todo.