
La verdad es que no quiero irme de aquí. Y de irme, lo haría mucho más lejos, ya puestos.
Pienso: a estas alturas de mi vida, y después de haber formado una familia, de que la familia se ha ido desgajando de una manera y de otra, y después de dar tantas y tantas vueltas, aquí estoy, sin casa. ¡Sin casa! Aquí, en un piso alquilado que casi no puedo pagar, que tengo que compartir. Como muchos otros. Pero
ah! a mi nadie me da la posibilidad de
desgravar por este alquiler, porque tengo más de 35 años. Y mi sueldo de
mileurista me llega para muy poco, y como he tenido dos trabajos este año he tenido que pagar a hacienda, con lo recortado de mi presupuesto, y además he viajado, y los viajes son caros, pero no puedo dejar de hacerlos. Tengo que ver a mis niños!
Y ahora tengo que decidir. Decidir no me resulta fácil. Pero tengo que hacerlo ya. Tengo que decidir entre irme a vivir a mil años luz de mi trabajo, lo que me dejará con menos tiempo aún del que tengo ahora para nada. O quedarme aquí y buscar alguien que me ayude a pagar este piso, alquilarle una de las habitaciones que quedarán vacías porque mis niños no están. Y mi casa dejará de ser mi casa, que lo era cuando aquí llegamos, los tres, mis niños y yo, pero ellos ya no están, y esto ya no parece mi casa.
Tantos años que se han ido, y en esto quedan (por ahora, que quién sabe lo que vendrá).
Y nadie me subirá el sueldo. Y tendré que coger el metro todas las mañanas y todas las tardes, y recorrerme todo Madrid dos veces, y todo cambiará, que no será la primera vez que todo cambie, porque la vida son muchas vidas en una. Pero esta vez será empezar de otra manera, sin ellos. Sin ninguno de ellos.
Y si me quedo aquí será para esperar su vuelta, pero no volverán, porque la vida sigue y ellos tienen que seguir su camino. Y yo tengo que empezar el mío de nuevo, y no sé a dónde me llevará, ni cómo.
Y en fin. Que vengo de Londres. Londres es
tan distinto a Madrid! Tan distinto en todo. Hasta los ladrillos de Londres son de otro color, y las casas de otra manera, y las plantas crecen que da gusto porque toda esa isla grande está llena de verde, es verde desde el aire. Tiene otro color. Todo está del revés. Los coches circulan por el otro lado, las tiendas cierran a las seis, no se puede fumar en los bares, el sol es tímido, en cualquier momento se puede poner a llover.
Las mariquitas son amarillas!Amanece a las cuatro...

Sus cosas mejores y sus cosas peores.
Junio se acabó.
Dos viajes.
Ahora un verano muy largo por delante. Y caluroso y seco.
En septiembre, no sé en septiembre.
Todo llegará.
En fin. La crisis y eso...