27 junio 2006

MILES DE HOJAS


























He estado en el pueblo! En mi casa grandota toda destartalada. Llegó el verano y hay que poner a punto la casa para esos meses calurosos. Somos muchos. Por desgracia yo no podré pasar allí mucho tiempo seguido, porque mi trabajo me tiene aquí recluida hasta finales de agosto.

Mis hermanos empezaron hace tres fines de semana. Los muebles salieron a tomar el fresco al patio, allí reposan en el suelo de piedra montones de viejos cachivaches, esperando que las habitaciones se vistan otra vez de blanco, que buena falta les hace...

El patio es cuadrado, con columnas de piedra, rodeado de galerías a la manera de las mansiones romanas, aunque con menos pretensiones... Hay una hiedra enorme e insaciable que se lo come todo, crece y crece mientras se va sustentando de las paredes de tierra, se cuela por los hierros de los balcones y los aprisiona como si se tratara de una serpiente gigante, estrangulados. Pero es preciosa. En ella han anidado últimamente multitud de pajarillos que acuden cuando llega el ocaso. Alegran el patio con sus trinos hasta que llega la hora de dormir.

El sábado decidimos que había que podar un poco de esa planta glotona, y nos pusimos manos a la obra. Armados de palos, escobas, risas y jolgorios nos pusimos a apalear las ramas para hacer caer todas las hojas muertas, y algunas aún lozanas también. Y se formó en el suelo una montaña de hojarasca verde y amarilla, y las avispas salieron huyendo, y luego barrimos y barrimos llenando espuertas que iban a parar al corral arrasado.

Yo recordaba otros años cuando en mi infancia sacábamos a limpiar el toldo, un toldo de lona azul enorme que despanzurrábamos en el suelo ocupando toda la longitud del patio. Y venía La Dolores, una mujer viejecita ya, vestida de negro, que se ponía a coser remiendos a todo lo largo de la tela con agujas enormes y un grueso hilo de bramante. Y el toldo iba recuperando su prestancia, y después unos obreros venían y lo izaban hasta lo más alto, lo colgaban de sus cuerdas y ya el verano perdía su fuerza... y entonces el patio de mi casa era el lugar más acogedor y fresquito del mundo.

Fue un duro día el sábado. Estuvimos pintando de blanco los dormitorios de abajo, de paredes irregulares y llenas de humedad rebelde, difícil de quitar. Una brocha para cada uno, música sonando en la radio y las fuerzas acabándose poco a poco.

Cuando la tarde acababa estábamos todos reventados. Yo estaba tan agotada que empecé a tener otra vez síntomas de ansiedad, y me tumbé en un sofá en la galería de arriba, desde donde se ve la hiedra. Y allí me dispuse a esperar por ver si venían los pajarillos, y por ver que hacían cuando viesen su casa medio destrozada... Fue una larga espera. Venían con decisión, dispuestos a descansar de su jornada cantarina, pero al ver el destrozo salían huyendo asustados, y luego venían más, y lo mismo. Empezaron a venir de dos en dos, de tres en tres, miraban, volaban alrededor, se juntaban a conversar entre ellos, como si tuvieran que tomar una decisión tremenda. Hasta que uno de ellos se decidió, y se coló entre las ramas mientras la noche iba cubriendo el patio, y mi madre por fin pudo dormir tranquila.

Ahora estoy en Madrid, descansando en casa. El viaje me trae recuerdos y una cierta preocupación por el futuro. Somos seis hermanos. Mi padre ya no está, su recuerdo vive en todos los rincones de la casa. Y un día, cuando mi madre ya no esté, tal vez no sepamos ponernos de acuerdo. Y yo no me imagino sin esa casa donde volver siempre, ese refugio donde están mis raíces, y si lo pierdo no sé qué podré hacer con la tristeza.

Y espero que ese momento no llegue nunca.

Pero el tiempo es implacable...

13 comentarios:

  1. Qué bonito lo cuentas, mariajo...me da una nostalgia...
    Me imagino tu casa por dentro, su frescor en verano, su olor, los trinos, las hojas... Y me veo en mis veranos, en un pueblo tambien, de costa, con cine de verano, con sillas en las puertas de las casas, comiendo pipas...

    Disfruta de tu casa, que será siempre tu casa.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. ¡Pero tu casa es un palacio! ¡Uno vestido de hiedra, además!

    Me he acordado de la higuera que había en la casa de mi abuelo, que era más pequeña que la tuya (y más fea: tenía, en realidad, mucho de cueva...) pero tenía corral y patio. Corral con gallinas y con conejos, y con esa higuera tremenda que daba una sombra fresca que olía a verde y a dulce.

    Las habitaciones eran oscuras, las camas altísimas. Las noches, cuajadas de estrellas.

    No, ni el abuelo ni la casa están ya... pero de cuando en cuando me vienen a la memoria.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Dios mio, ¡que casa! Me dá un poco de envidia, pero solo un poco porque pa limpiarla...........¡cuánto trabajo!

    Que la disfrutes aunque sea al final del verano.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. hola enaire. Yo me quedé sin llaves de mi casa, quizá me podías hacer un hueco en la tuya! aunque he ganado la escarcha. si quieres visitarme, de momento he hablado poco pero...como empiece!tengo un poco de frio a estas horas.

    ResponderEliminar
  5. me ha encantado MariaJOse .... mira la casa es una pasada y encima lo cuentas tan bonito ...parece una novela de esas que yo leía hace años donde veraneaban en casas señoriales y tenían patios preciosos llenos de plantas y fuentes ...


    lo de los papás yo tambien lo pienso , yo soy la única que en Madrid no tiene nido propio y para mi volver a casa es ir a casa de mis padres y aunque hay muy buen relación , ya he visto otros casos de movidas familiares por estas cosas ...pero mejor no le des vueltas que tu madre está muy guapa y hecha una flor ...cuidala mucho y disfruta este veranito manchego...

    un beso

    ResponderEliminar
  6. Pilar: a mi casa sólo le falta el mar. Sí, siempre será mi casa, pase lo que pase.
    fnaranjo: es un palacio, pero un poco ajado, y añejo...También hay una higuera en el corral de mi casa, que siempre da fruto a montones, aunque nadie lo recoja como es debido.
    Maruja: tienes razón, limpiarla es un trabajazo. Siempre habíamos tenido ayuda, en los buenos tiempos, pero ahora...
    Fulanita, un placer. Te visitaré.
    Lolita, muchas gracias, y te diré que si empiezo a contar historias de mi casa, tengo para varias novelas. Y tienes razón, mi madre está estupenda, ojalá que dure así muuuchos años.

    Besos a todos!

    ResponderEliminar
  7. Muy bonita tu casa, muy tranquila y acogedora.
    Aunque, lo siento, pero personalmente, prefiero las de la playa.
    También se pueden pintar.
    Si te equivocas las borras y las pintas otra vez.

    ResponderEliminar
  8. Que delicia de patioo, invitame!!
    Jejeje....
    NO, ahora en serio, ese patio es precioso, ideal para las tardes de calor y las noches de verano.
    Que boniiito

    ResponderEliminar
  9. Vaya casa!! Ese patio invita a pasar veladas tranquilas, charlonas y amigables.

    Un beso, María José

    ResponderEliminar
  10. Asir: están muy bien las de la playa, pero te aseguro que no son incompatibles.

    Eterna: estás invitada, aunque ahora mismo andarás por tierras lejanas...

    A pesar de mí: tienes razón, veladas tranquilas y estupendas hemos pasado allí a montones, te lo aseguro.

    Un beso a los tres.

    ResponderEliminar
  11. Casas manchegas Mariajo.... se quedan cortas las palabras para describirlas! disfruta de ella siempre q puedas

    Un beso bonita, cuidate

    ResponderEliminar
  12. Ay, Cobre, paisana, cómo lo sabes...
    La tranquilidad de estas casas nuestras, cómo se echa de menos desde esta urbe enorme donde ahora estamos!
    Un beso para tí también.

    ResponderEliminar
  13. Qué paseo tan precioso por tu casa y por tus escritos.
    Yo también tengo una hiedra donde se enconden salamandras, arañas y pajaritos. Mi padre siempre anda podándola, confieso que la deja muy bien pero si fuera por mí la dejaría salvaje.
    Besos mariajo, disfruta de este momento

    ResponderEliminar