06 abril 2006

MOMENTOS


Llega la noche y él viene y juntos, muy juntos, nos acurrucamos en el sofá para mirar la tele mientras un cálido sopor de ternura nos va adormeciendo. Me gusta apoyar la cabeza en su hombro, y que me revuelva el pelo con dedos juguetones, mientras yo acaricio su barrigota poblada de hombre entrado en años. Cierro los ojos mientras la tele emite un ruido casi imperceptible, ignorado, como un arrullo lejano que nos acompaña. Poco a poco las manos se vuelven ansiosas, el tímido recorrido por la piel se va haciendo más osado, más ávido, las manos buscan piel, las bocas se van acercando, respiro más aprisa porque quiero tragarte entero y el sofá ya no es suficiente. Y desaparece el mundo alrededor. Y todo está bien entonces, no quiero más, olvido los difíciles caminos del día y me abandono. Y son esos momentos, esa paz infinita, esa certeza de estar en casa, ese no querer más...
Ese momento efímero, como tantos otros, que saboreo remolonamente, disfrutandolo, como pudiera hacerlo con un pastelito de crema dulce dulce dulce...
Me refugio en la noche y olvido por un rato enorme la soledad tirana.
Y todo entonces cobra un sentido y sé que podré seguir adelante. Recorriendo la vida.

7 comentarios:

  1. No sé si debo. Soy forastero en este extraño poblado sin nombres, donde las caras son fotográficas y las calles se hipervinculan en vez de hacer cruces.
    Llegué anoche y vine para preguntar. Me dijeron que no estabas, te habías ido. Bueno, no importaba, ya vendría mañana.
    No hacia frío y mientras yo también me iba , los árboles, plátanos de sombra, parecían cuernas de venado que las hojas disimulan.
    No hacía frío, y entonces recordé: había dejado una redija, una mínima rendija de luz. Era para que se viera el efecto inclinado de las pequeñas partículas iluminadas perdiéndose por la oscuridad del cuarto casi vacío. ¿Qué había tras aquella mínima abertura?. Nunca lo supe.
    Pero, claro, si te asomas, si te vas yendo cada vez más adentro, eligiendo caminos cada vez más intrincados, difíciles de recordar, allí, se encotrarán miles de neveras con cientos de yogures de fruta. Anuncios, bancos en los parques, trenes tan lejanos que no tienen espacio para dar la vuelta...
    Y todo, todo fue por aquella mínima rendija, tan pequeña, que si no hubiera estado la luz apagada ni siquiera la hubieras notado.

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  2. Yo sé quién eres, aunque te escondas tras un blob que no existe. Y aunque ahora no puedo porque estoy en mi bunker, luego más despacio te contestaré como te mereces.
    Besotes.

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  3. Uy! que misterio....
    Esto parece un episodio de alguna serie....qué pasará mañana??

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  4. Pues si,Pilar. Era un misterio que se ha resuelto conveniemente. Se trata de un nuevo amigo de todos los bloggeros!
    Un beso!

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